Fue allá por el 1980, cuando un grupo de aitas y amas se lanzaron a que sus hijos compitieran en los torneos que se celebraban en aquellas bajamares de la playa de Sopelana.

    Más tarde, aquellos éxitos iniciales animaron a esos aitas a federar a los equipos. Las chavalas lo hicieron en aquella incipiente liga de fútbol femenino que a alguno le sonaba como disparatada. Ya vemos las dimensiones que ha tomado dicho fútbol femenino hoy en día y que en gran parte se debe a aquellos pioneros en la labor de, entre otras cosas, abogar por la igualdad entre sexos. A partir de 1988 comenzaron a caer los títulos de Copa y Liga para estas chavalas cuyos trofeos llenan nuestras vitrinas. Ahora vemos en el Athletic femenino a Lexuri Angulo y Nerea Onaindia, dos de las que patearon la playa, y a Leire Zabala, Aitziber Juaristi, Amaia Olabarrieta, el entrenador Iñigo Juaristi, etc., que se incorporaron al Bizkerre poco más tarde. Por otro lado, los chavales lo tuvieron más fácil dada la calidad de muchos de ellos y se decidió que, en principio, jugaran federados pero bajo la tutela de equipos con más renombre en Getxo (caso Gontzal Suances, por ejemplo) para, poco más tarde, competir ya independientemente como lo hacen hoy en día.